"...solo voy con mi pena, sola va mí condena,                                         me dicen clandestino por no llevar papel..”

MANU CHAO.-   Clandestino

José Cabañas González                     enero de 2000.

Emigrantes españoles cogiendo un tren para Suiza.

Escribo estas líneas a escasas fechas de la aprobación en nuestro país de la llamada Ley de "Extranjería, después de que una peculiar y accidentada tramitación en las dos Cámaras haya posibilitado por fin la reforma de la vigente desde 1985, caracterizada por haber sido eminentemente represiva y orientada a restringir y contener el fenómeno emigratorio. Mucho nos felicitamos por la consecución de una nueva norma más considerada y generosa con los derechos elementales de los trabajadores emigrantes y nos atrevemos, además, al hilo de aquel hecho, a plasmar aquí algunas modestas consideraciones relacionadas con una realidad, la de la emigración, que no debiera de resultamos extraña, por obvias razones, en nuestro país ni en nuestro pueblo.

Siempre y en todas las geografías han existido migraciones, desplazamientos de grupos humanos motivados por diversos factores, en el fondo de los cuales subyace siempre la necesidad y el deseo de mejorar en todos sus aspectos las oportunidades y expectativas de quienes se ven impelidos a emigrar, y en una sociedad como la actual, globalizada y dualista en la que la gran base de los excluidos del progreso permite prosperar -con todas sus contradicciones internas y a pesar de sus muchos reductos tercermundistas- a quienes estamos dentro y en la cúspide del desarrollo, se acrecienta el número de los que dejando atrás las raíces y  ataduras  de  su  propia  tierra  se trasladan con la pretensión de participar, al menos, de las migajas del festín de nuestro bienestar.

La despedida del emigranteIdénticas pretensiones y expectativas de mejora impulsaron hasta hace poco tiempo y durante más de un siglo a un gran número de españoles, de compatriotas, a participar en una emigración intensa y notablemente diversificada, tanto en su origen como en su destino, y de cuyas interesantes vicisitudes y consecuencias debiéramos de guardar en nuestro país y en nuestro pueblo fecunda memoria y obligado recuerdo, especialmente cuando en nuestro entorno afloran esporádicos episodios de discriminación a quienes son hoy aquí lo que hasta ayer nosotros éramos en otras latitudes. Pudiera resultar tal vez esclarecedor en esas  ocasionales  situaciones  de rechazo al extranjero -al extranjero pobre, por cierto- considerar los avatares de una poco conocida emigración española al Norte de África ya desde 1830, o los de aquella más amplia hacia países de Hispanoamérica de las primeras décadas del siglo, así como los de la extensa y peculiar emigración de los españoles del exilio de 1939 -la llamada "España peregrina"-, y sobretodo los de quienes se vieron obligados a integrar el conocido como "boom" emigratorio español de los años sesenta, auténtico exilio económico, en una corriente, permanente o estacional, hacia países europeos: Luxemburgo, Italia y Portugal -en muy inferior intensidad y con el inusual y actual aumento en el país vecino del flujo de emigrantes españoles muy cualificados del sector terciario-, Holanda, Bélgica y, sobretodo, Alemania, Suiza -donde singularmente, y en contra de la tendencia general de disminución de los emigrantes españoles en los últimos tiempos, la emigración española aún hoy aumenta-, y Francia, país de mayoritaria acogida a nuestros desplazados.

Habiéndose invertido recientemente la tendencia, y siendo hoy España un país de inmigración, quizá ayudara también a impedir los brotes de actitudes y conductas de marginación hacia los extranjeros -de la Unión Europea, Magreb, Latinoamérica, África Negra, Próximo Oriente, Sudeste Asiático y Europa del Este, según su número- que hoy transitan nuestras calles, el conocimiento de algunos datos contrastados y objetivos sobre la inmigración en nuestro país que muestran lo infundado de los temores y prejuicios en los que se asienta el racismo de quienes, estigmatizando a los diferentes y negando o restringiéndoles el ejercicio de unos derechos universales que lo son como derivados del respeto a la persona, a toda persona, lo que en definitiva hacen es consagrar y justificar desigualdades. Resulta así significativo el que en nuestro país, y según cifras muy recientes, los extranjeros representan tan solo entre el 1,5 y el 2%   del total de la poblaión, lejos de los porcentajes de otros países del área y frente al 7% de los españoles todavía emigrados; encaja en esta realidad el estupor manifestado por un compatriota actualmente emigrante en Suiza ante los ataques racistas del pasado otoño en Cataluña contra magrebíes cuando, como él mismo dice, en ese país y sobretodo después del ascenso de ciertos partidos conservadores "los magrebíes somos nosotros..." (Italianos, Portugueses, ESPAÑOLES... ciudadanos todos de la Unión Europea).

Una pareja de inmigrantes marroquíes, a su llegada a Algeciras. Tampoco se ajusta a la realidad, y los datos la desmienten, la asociación emigrantes-delincuencia, ocupando ésta porcentajes mínimos de aquéllos. Por otra parte, se está dando ya en España una muy curiosa paradoja estrechamente relacionada con el fenómeno migratorio: siendo el país de la UE con más altas tasas de paro y de temporalidad en los contratos, escasea en algunas zonas la mano de obra autóctona hasta el punto que los empresarios tienen que suplirla con inmi­grantes. Obviamente este dato destroza la equivocada creencia de que el emigrante "roba" el trabajo al natural; muy al contrario, resulta incuestionable que la emigración deviene no solo en un importante problema social, cuya resolución en términos de justicia, humanitarismo y equidad nos parece más esperanzadora al calor de la filosofía que anima la nueva Ley de Extranjería, sino también y además en la solución económica para alguno de los desequilibrios que afectan y según la prospectiva afectarán a nuestro país, como los derivados del paro y las cotizaciones a la Seguridad Social, consecuen­cia en parte de nuestra baja tasa de fecundidad.

Si lo expuesto no bastara para facilitar a cualquiera un acertado enfoque de la realidad de la emigración, quienes somos por fortuna convecinos de un pueblo como el nuestro en el que tantos beneficios, y no solo económicos, hemos obtenido de la emigración y en el que tantos hemos sido y somos aún emigrantes, debiéramos de sentirnos especialmente cercanos y proclives a situarnos con suma facilidad en el lugar de cualquier emigrante que hoy lo sea en nuestro país. Debiéramos de ejercitar nuestra memoria antes de reducir alegremente a otros, desde nuestro desprecio de ciudadanos hoy del primer mundo, a simples "moros", "ilegales" o "sudacas", cuando cuestiones para ellos tan vitales como el desarraigo social, la facilitación de la reagrupación familiar, el acogimiento y la integración, el digno alojamiento o los abusos e injusticias de que los pueden hacer victimas desaprensivos y carroñeros, formaron hasta hace poco tiempo parte de nuestras vidas y de las vidas de bastantes de nuestros allegados. Son para muchos de nosotros realidades aun recientes los degradantes Controles de Salud que nos reducían a mera mercancía de trabajo, los insalubres Barracones en que se nos alojaba, o los hacinados e inhumanos Trenes de Vendimiadores que Europa nos destinaba. Y es de justicia que hoy nosotros ofrezcamos a quienes emigran a nuestras tierras condiciones y oportunidades más dignas y enriquecedoras para todos.

 

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NOTA .- Señalamos, para interesados en profundizar en el tema, la reciente publicación de dos obras: "LA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA A EUROPA EN EL SIGLO XX", de Juan Bautista Vilar, en ARCO LIBROS, y "LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA", de Miguel Pajares, en ICARIA ANTRAZYT.

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Ourense, Enero de 2000.-

 


Una Nota de Actualidad.-

    Ya en mayo de 2005, recién terminado el último proceso de regularización de emigrantes en nuestro país, traemos una noticia de preocupaciones y labores en torno a la inmigración, la femenina en este caso, en España:

"Desvelos" muestra la inmigración femenina en España

Raquel Gómez

Punto F es una Asociación Cultural sin ánimo de lucro, que desde su constitución en 2002 desarrolla una constante e inagotable labor de difusión y promoción de la creación artística de mujeres en España e Iberoamérica. Punto F busca nuevas miradas que generen otros lenguajes, proyectos propios abiertos a la colaboración de mujeres artistas, desde la reflexión, la revisión constante sobre temas relacionados con las mujeres y su perspectiva del mundo (identidad, género, diferencia, distancias, integración, etc.).

La última actividad realizada es el documental Desvelos que se exhibió por primera vez en las II Jornadas Teatrales de Chefchauen (Marruecos) y, posteriormente, en el Festival Curta Cinema de Río de Janeiro (Brasil).

A través de entrevistas a cinco mujeres marroquíes residentes en Madrid, el documental "desvela" sus experiencias más personales: la llegada a España, la familia, los hijos, el trabajo, la educación, la religión, los sueños, el dolor, la pérdida... Al mismo tiempo, muestra ese otro lado de la inmigración, a la vez que hace una crítica a los "falsos valores" de la cultura occidental. ♦


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